"Aparece en cualquiera de nuestras provincias un muchacho despierto y lenguaraz, que disputa con sus camaradas por cualquier motivo, que habla con desenfado de cualquier asunto; que emprende todas las carreras y ninguna concluye; que critica todos los libros sin abrir uno jamás. Este muchacho, por supuesto, es un gran hombre, un genio no comprendido, colosal, piramidal, hiperbólico. Su padre, que no sabe a qué dedicarle, le dice que trata de ponerle a ministro, y que luego parta a la corte, donde no podrá menos de hacer fortuna con su desenfado y su carácter marcial. El muchacho, que así lo comprende, monta en la diligencia peninsular; arriba felizmente a orillas del Manzanares; se hace presentar en los cafés de la calle del Príncipe y en las tiendas de la de la Montera, en el Ateneo y en el Casino; lee cuatro coplas sombrías en el Liceo; comunica sus planes a los camaradas, y logra entrar de redactor supernumerario de un periódico. A los pocos días tiende el paño y explica allá a su modo la teología política: trata y decide las cuestiones palpitantes; anatomiza a los hombres del poder; conmueve las masas; forma la opinión; es representante del pueblo, hace su profesión de fe."
La imagen del periodista
"Contrastes: tipos perdidos, tipos hallados: el periodista"
por El curioso parlante, en Los españoles pintados por sí mismos,
Madrid, 1843, tomo II: 486-487
Yolanda Menadas Tortajada